viernes, 24 de febrero de 2012

Sin título

- Buenos días Sol, buenos días nubes, buenos días tierra.
Me gusta dar los buenos días a todo lo que me rodea, es una tradición que me enseñó mi abuelo cuando era pequeña. Me miro al espejo antes de lavarme la cara: - joder que ojeras esto hoy no lo tapo ni con cemento, hoy toca día de explicaciones en el trabajo... "¿has pasado una mala noche?", "¿Fiesta ehh? que cabrona", "te dio juerga el pariente ¿verdad?". Sí, largo día de explicaciones a impertinentes y muy poco oportunas preguntas... ¿dormir? como siempre, mal; ¿fiesta? hace ya un año que no se lo que es escuchar música en un local; ¿sexo?... pasopalabra.
Me lavo la cara cuidadosamente, como siempre, me gusta sentir mis cejas sin vello, ahí donde un día hubo un poblado entrecejo que me tuvo acomplejada hasta que descubrí la depilación definitiva, y ahora ya ves, paradojas de la vida, ni un puto pelo... una pena. me seco la cara y comienzo a pintar con el poco arte que tengo sobre el demacrado lienzo que es mi cara, un poco de base; un color que en cualquier rostro sería rojo casi tomate, y en el mio se queda en un palido rosa; una capa de antiojeras que podría tapar grietas en catedrales... un poco de carmín, no, mejor no, que parezco recién salida del burdel.
Agarro la melena postiza de mi cajón, a saber a qué muerta le han arrancado semejante mata de pelo, que envidia. La verdad, me costó bastante cara, si no fuera porque se enreda sospechosamente pronto, sería fantástica, me la ajusto sobre las sientes y la deslizo despacio hasta mi nuca... aparentemente, nadie se ha dado cuenta del postizo, ya es raro porque con lo cotilla que es la gente... me miro de nuevo al espejo: - Bueno, se ha hecho lo que se ha podido, no estás guapa, pero al menos estás presentable. me digo.
La chica que cuida de mis hijos llega tarde, que novedad; no me gusta dejarlos solos cuando voy a trabajar, y a esta chica la quieren mucho...
- Joder, como tarda, voy a volver a llegar tarde por su culpa.
Me acerco a la ventana, ya la veo, viene con su destartalada moto por la calle, a toda prisa. - Cualquier día le pasa algo, sin casco y sin nada, insensata...
- ¡Hola María!, perdón por el retraso pero...
- No me des explicaciones, que sea la última vez, el pequeño ha tenido fiebre, dale el jarabe cuando se levante, y no les des de desayunar donuts, sabes que no me gusta que coman esa mierda. Me voy que llego tarde, ¡adios!
Cierro con un portazo sin dejar que se despida; no me gusta ser brusca con ella, por eso de que está al cargo de mis hijos; pero coño, creo que dos días seguidos tarde, es suficiente para tocarme las narices. Voy a buscar el coche, ni un aparcamiento cerca de casa... menuda mierda. Hoy el día promete...
Miro la foto de mis hijos, que siempre llevo en mi cartera, antes de arrancar el coche: - El cabrón de mi ex fue la única cosa que hizo bien en su vida... yo ni eso.
Cuando nos casamos descubrí que no podía tener hijos; esteril, vacía, yerma (como diría Lorca); tuvimos que recurrir a un vientre de alquiler, a mi marido no le parecía bien adoptar con la hombría que tenía guardada en sus cojones, asique nos gastamos un pastizal en nuestros hijos (jamás me he arrepentido de ello, nunca, y jamás lo haré, aunque tuviera tiempo...) para total, abandonarlos luego, ¡que hijo de puta!.
Muchas veces agradezco el no haber podido tener hijos, por eso de que el cancer a veces es hereditario.
Aunque ,a veces, un escalofrío me recorre el espinazo, me gustaría que mis hijos hubiesen salido de mí, y no de un útero de una noruega, que a saber.... : - ¿Ves?, otra cosa que no viviré;  sí, la vida es una mierda, ya lo sé.
Llego al trabajo, al menos, los estudios universitarios me sirvieron de algo.
Me acuerdo de mis hijos y se me hace un nudo en el estómago... me quedan unos meses, y aún no se que hacer con ellos, la opción más factible es mi madre, siempre ha sido una buena madre, con sus más y sus menos. No lo sé... no lo sé.
- ¡Joder tía que ojeras! ¿resaca?, ¿mucha fiesta?
La primera en la frente: "- no, hija de puta, me estuve tirando a tu marido toda la noche"
 - No tía, mi hijo pequeño tuvo fiebre y no pegué ojo en toda la noche. ¡Qué gran excusa! el pobre, sin tener nada que ver, cuantas veces los he usado de pretexto para eludir preguntas de este tipo...

Miro el reloj: - Dos horas más... No se si aguantaré. Ya tengo el estómago revuelto como cada día, las nauseas no me dejan vivir, la quimio me tiene hecha una mierda, pero no quiero encerrarme en casa, ¿morir en vida? jamás, aquí se lucha hasta el final.

¿Lo más complicado? que mis hijos no se enteren de nada, eso lo llevo muy mal. "- Mamá, ¿estás bien? - Claro, hijo, es que me duele un poco la cabeza", ya son muchos meses así, pero no puedo contárselo, no lo entenderían... sólo son niños, ellos tiene que jugar y divertirse, no vivir con el fantasma de la muerte detrás de cada esquina; para eso, ya estoy yo...