jueves 19 de noviembre de 2009

Otra vez

Ya estoy aquí otra vez.
Tuve la esperanza de no volver a escribir, y sin embargo, aquí estoy otra vez.
Otra vez llorando, otra vez preguntando ¿Porqué?
¿Porqué me siento perseguido por esta maldita soledad que no me deja?
Otra vez, solo, sin nadie que pueda o quiera escucharme, sin nadie que pueda o quiera entenderme.
Sí, solo.
Y vaya a donde vaya, siempre me persigue, me refugie donde me refugie siempre me encuentra.
¿Porqué ese efímero momento de felicidad me ha abandonado tan pronto?
¿Porqué no puedo conformarme con lo que tengo?
¿Porqué siempre tengo el sentimiento de dar mucho más de lo que recibo?
¿Porqué siempre me quedo a la pata coja cuando los demás corren a mi alrededor?
Quizá me siento sólo porque nadie me dice que me echa de menos, que quiere verme, que tiene ganas de estar conmigo.
O a lo mejor, es que cuando lo oigo, no acabo de creerlo, no lo se, quizá no merezco que nadie me eche de menos, no merezco que nadie quiera estar conmigo.
Tampoco lo se.
Y es verdad que estoy agobiado, y es verdad estoy desesperado.
No creo que pida tanto, ya no estoy seguro, ya no lo se.
Supongo que todo el mundo se merece cariño y atención.
Ya se que no lo pido, quizá ese es mi problema que nunca pido nada, sólo espero recibir, sin pedir.
Quizá lo que no entiendo es que el resto de la gente no es adivina, o al menos el resto de la gente que me rodea. O quizá el resto de la gente no me conoce lo suficiente para saber lo que necesito, no lo se.
De todas formas, sigo insistiendo en que no quiero mucho, en que no quiero ni más ni menos de lo que doy.
Quiero dejar de sentirme en peligro. Quiero dejar de sentir que quizá la soledad, mañana me puede atrapar otra vez.

lunes 16 de noviembre de 2009

Otra noche de insomnio, son las 3 de la madrugada.
En la tele el "vibromax"... creo que me lo voy a comprar, es fantástico, sobre todo el antes y el después, me fascina... (yo lo he probado y es una máquina infernal, me dio hasta dolor de cabeza. Como máquina de tortura no tiene precio, atas a alguien al chisme ese, y lo dejas tres días, cuando lo recojas, no le queda ni un músculo en su sitio, se licuará y acabará todo en los pies).
Pero bueno, no vamos a dar publicidad gratuita a los milagros de la teletienda.
Toco madera, ¿por qué? pues porque últimamente me siento bien, estoy bien, extraño en mí que siempre me estoy quejando de todo.
Estoy en un estado que técnicamente podría definirse como de felicidad (no quiero decirlo muy alto).
Mientras el señor de la teletienda me dice que me regala un cuentapasos electrónico...
Ahora mismo, creo que no necesito "casi" nada (evidentemente sí me faltan "cosas", si las tuviese aquí conmigo no estaría escribiendo).
Pero bueno, como no quiero ser siempre un pesimista (aunque realmente lo sea, solo hay que leer un poco más abajo...), me apetecía escribir que estoy bien.
Ha empezado el llamagana... que horror... la solución es el 8.
No se si aprovechar el insomnio y ponerme a estudiar, quizá lo haga.
Me siento altruista, generoso, mañana iré a donar sangre.
Y sin más particular, me despido, espero que hasta dentro de muchos días, incluso, espero que para siempre (más que nada porque suelo escribir sólo cuando estoy triste)...
¡Buenas noches!

sábado 14 de noviembre de 2009

Errores

Todos cometemos errores, eso es algo imposible de desmentir.
Hay muchos tipos de errores.
Hay errores absurdos, errores que no nos paramos a pensar ni tan siquiera que llegan a la categoría de errores.
Hay errores gordos, muy gordos, que van a repercutir en nuestra vida, en nuestro futuro, errores que no nos quitaremos de encima ni con agua hirviendo.
Y hay errores tontos, que sin saberlo en el presente, nos pueden tornar el futuro un poco turbio. Errores pequeños, según se mire, que nos darán más de un problema sin querer.
Todos cometemos errores, y aceptamos nuestros errores, pero pocas veces aceptamos de buen agrado los errores de los demás.
Según nos hacemos mayores, la capacidad de perdonar disminuye gradualmente, cuando somos pequeños, y discutimos, en media hora se nos ha olvidado.
Sin embargo al hacernos mayores, verdaderas tonterías pueden romper familias, amistades o parejas. ¿A qué puede deberse? seguramente a la inocencia, o mejor dicho, a la falta de ella, cuando alguien hace algo malo (queriendo o sin querer), somos los demás los que hacemos que esos errores lo acompañen por mucho tiempo, aunque sean pequeños, aunque ni siquiera vaya con nosotros el asunto.
Saber perdonar es una cualidad muy poco valorada hoy por hoy, nadie perdona nada, nuestro orgullo está por encima de perdonar.
Y más aún si los errores no son muy grandes, quizá errores muy grandes se perdonen con más facilidad. Hay errores ínfimos que no se perdonan nunca, a lo mejor porque en las pequeñas cosas, en los pequeños detalles de los demás está la importancia misma de la vida. Quizá sencillamente, porque se acumulan y al final por tonterías se acaba estallando.
Como idealista, me gusta más la idea de los pequeños detalles, porque qué es, por ejemplo, una pareja sin esos pequeños detalles que para alguien de fuera, seguramente, pasen desapercibidos. Esos pequeños detalles que hacen suspirar por una mirada, una sonrisa, un regalo, una tontería a fin de cuentas. Sin esos pequeños detalles, el amor muere, esos detalles a los que nadie le presta atención, son los que hacen que algo vaya "bueeeeno... ahí andamos" a que algo vaya realmente bien, a que haya ilusión, a que todos los días sean diferentes.
Por desgracia, las personas detallistas, están en peligro de extinción.

viernes 13 de noviembre de 2009

Sin querer ser un juguete viejo

Roto por dentro (Mclan)

Aún me cuesta admitir que eras lo mejor de mi,
pero el día amanece, y nada me parece
la mitad de perfecto, como cuando tu estabas aqui.

Y es tan corrosivo este dolor
y esta casa en ruinas que soy yo, soy yo
Y es que estoy todo roto por dentro,
estoy todo roto y deshecho
estoy todo roto y no quiero seguir asi.

Otra trampa en un cajón, zancadilla al corazón
es que amor recalentado, nunca fue de tu agrado
y yo no me acostumbro a la escarcha de mi habitación.

Y es tan corrosivo este dolor
y esta casa en ruinas que soy yo, soy yo
Y es que estoy todo roto por dentro
estoy todo roto y deshecho
estoy todo roto y no puedo seguir asi.

Pero el día amanece, y nada me parece
la mitad de perfecto, como cuando tu estabas aqui
Y es tan corrosivo este dolor
y esta casa en ruinas que soy yo, soy yo
Y es que estoy todo roto por dentro
estoy todo roto y deshecho
estoy todo roto y no puedo seguir asi.

Estoy todo roto por dentro
Estoy todo roto y deshecho
Estoy todo roto y no quiero seguir así.

jueves 12 de noviembre de 2009

Desapareciendo!

Si hiciésemos la pregunta ¿alguna vez has deseado desaparecer de la tierra al menos 4 días? apuesto a que el 80% de las personas respondería que sí, y el otro 20% respondería que le hubiese gustado desaparecer por lo menos un mes.
Desaparecer.
Necesito desaparecer, desconectarme, que nadie me vea, que nadie me escuche.
Desaparecer 4 o 5 días, para saber quienes son los que me buscarían, y quienes los que pasarían completamente del tema, muchas veces así nos daríamos cuenta de quien nos quiere de verdad, no solo para el rato de aburrimiento. Quién nos quiere de veras, quien sí lo daría todo por nosotros, y quien daría solo el poquito que le sobra.
Saber cuántas personas se pasarían los 4 días buscándonos y quien se cansaría a los primeros 20 minutos. Seguramente nos sorprenderíamos, muchas veces de quien menos esperas recibes demasiado; y de quien de verdad esperas recibir, solo te da palos, y más palos. Palos con los que encender tu propia hoguera, bien para quemarte, bien para no morirte de frío y en soledad.
Sí desaparecer, desaparecer, no sólo para descubrir a los demás, sino para descubrirte a ti mismo, para ver de verdad lo que sientes, para ver de verdad qué es lo que quieres.
Desconectar, resetear, cuando uno está saturado, y no le coge nada más en la cabeza, cuando todo lo que entra, entra sin ser comprendido sólo para hacer bulto.
Desaparecer. Quizá incluso para siempre.
Simplemente desaparecer.
Que me trague la tierra por algún agujero, y luego si quiere que me escupa otra vez al mundo, o me deje allí encerrado, escondido, a salvo de todo.
¿Cuántas veces no hemos deseado eso?
Pues venga, vamos a escondernos, vamos a esconder la cabeza como las avestruces.

¿Quién se apunta a desaparecer?
¡Yo me apunté hace un rato!

lunes 2 de noviembre de 2009

Platón

"La mayor declaración de amor es la que no se hace. El hombre que siente mucho, habla poco"

jueves 15 de octubre de 2009

The end?

"Yo también te quiero..."
Y así termina una de las más bonitas historias de amor, y comienza el desencanto, la apatía, el olvido, la desgana, por decirlo de algún modo, el comienzo del fin.

La decadencia en todo su esplendor hace acto de presencia, y arrasa con todo lo que encuentra a su paso, todo se termina alrededor, y nadie sabe como pararlo. El mundo que habías construido, cede bajo el propio peso de muchos sentimientos y deseos rotos por la decepción, dando paso a un infierno.
Un infierno que estaba latente debajo de todo eso, un infierno en el que abunda el fuego convertido en lágrimas, y los demonios de los celos y la desesperación, el no saber que hacer, los nervios en la boca del estómago.
La delgada línea que separa el paraíso del averno, se ha roto con el infinitesimal peso de hechos que escapan a toda comprensión.
El compartir se convierte en una carga, el hacer por hacer en una obligación; ya no se dan explicaciones voluntarias, sino escusas forzadas; ya no hacemos nada juntos, pues tu compañía dejó de ser grata.
La soledad es preferible incluso a tu compañía desganada. Quieres estar sin mí, yo lo respeto. Necesitas tu espacio, yo te lo doy; pero no dejes que te pida nada a cambio, pues no quiero que te sientas forzado a nada, no quiero agradecerte nada. No me obligues a hablar si no te agradan mis palabras, no me pidas un regalo si de antemano sabes que no te gustará. "Somos dueños de lo que callamos y esclavos de lo que decimos", déjame que solo yo sea el dueño de mis sentimientos.
Si quieres ser libre, hazme libre a mi. Aunque todavía guardo esperanzas de no ser liberado nunca.